jueves, 23 de agosto de 2012

No me mires a los ojos para convencerme de que me escuchas.....háblame

Noé explicaba, en algunas ocasiones, que durante la adolescencia nunca pudo hablar  en casa de ninguna de sus preocupaciones y su justificación era que sus padres habían convertido en tabú muchos de los temas que ahora a él le empezaban a ocupar espacio. Decidió entonces para no enfrentar esa pared de silencio y tabúes entregarse a algunos vicios que conseguían concentrar su  atención en...nunca lo dijo porque no los recordaba.

Jamás conservó una pareja. Era incapaz de hablar ni que su vida dependiera de ello, se definía como alexitimico.

Miriam fué una niña callada, jamás daba problemas. Sus tías decían, a propósito de esto, que su madre la llevaba en plan "sargento" palabra que a todo el mundo hacía gracia, a su madre gustaba y ella no entendía (ó lo entendió como algo positivo al ver que a su madre "gustaba"). Era callada y se portaba como le decían que debía hacerlo "bien" porque si no su madre le gritaba y le gritaba feo, le gritaba mal e incluso a veces  le soltaba una bofetada.

En la madurez, Miriam, se volvió exigente y letalmente crítica. Ella lo sabía, era consciente y acabó sufriéndo transtornos en la alimentación.

Lucía tampoco habló mucho en su casa. Sobreprotegida por su madre, a ella no le "hacía falta nada más" le solía decir. No le hacía falta nada más porque no había de salirse del guión que le habían dado.

Cuando llegó el despertar sexual, Lucía tardó quizá demasiado tiempo en decir que le gustaba sentir la melena roja de su preciosa amante alejándose de su pecho. 

Abel sentía adoración por su padre. Su padre era fuerte porque mamá nunca le podía devolver los golpes y cuando la gritaba cosas sobre lo tonta que era, ella nunca le replicaba así que él siempre tenía la razón. Y esto también era fuera de casa, cuando a su padre algo le contrariaba sacaba la mano acompañada de una buena sarta de gritos y nadie nunca le rechistaba.

Abel no mantuvo apenas relación con su madre durante el tiempo que estuvo absorvido por su padre. En el colegio le explusaron varias veces por su comportamiento agresivo.

La comunicación. Vivimos en un estado de orfandaz respecto a este elemento básico de la sociedad desde que el mundo es mundo.

Siempre se ha escuchado lo de "mírame a los ojos cuando me hables". ¿De verdad somos más sinceros cuando lo hacemos?, ¿ó nos asustamos mucho más al descubrirnos en otros ojos? ¿estamos preparados para "mirar a los ojos"?

Si fuera por mí, no estaríamos preparados para nada. Estas porciones de vida a cuyas ventanas me asomé por momentos no son vidas miserables, son vidas de personas que un día fueron niños que ó bien no recibieron la atención debida ó si la recibieron no fué la adecuada para su desarrollo. Y a las consecuencias me remito.

Tampoco voy a culpabilizar a (todos) los padres. Realmente no debería culpar a ninguno pero soy humana e ignorante a parte de inexperta.

Sus vidas no fueron cuesta bajo y sin frenos, a día de hoy Abel no se ha convertido en el potencial maltratador que podría haber sido pero para darse cuenta de que esa no era una forma sana para él de relacionarse tuvo que hacerlo así durante un tiempo.  Es agresivo con las personas que son agresivas....con aquellos que no están en igualdad de condiciones. También deberá aprender de eso.

Lucía consiguió liberarse del guión de su madre y ahora su familia lo sabe sólo que, no hablan de ello. También deberá aprender de eso.

Miriam se convirtió en su mayor crítica pero lo invirtió en salir del baño y sacarse los dedos de la boca. Ya (casi) no grita y sus críticas hacia los demás son cada día menores porque ha sufrido la crítica de los demás. Pero no conoce la constancia. También deberá aprender de ello.

Y Noé, bueno, quizá él sea el más difícil de recordar. Sabe que no hablar le provoca una serie de problemas con difícil solución.  Sigue siendo incapaz de hablar de sus sentimientos si no es en clave de broma. También deberá aprender de eso.

Háblame...no! No me mires a los ojos! No quiero que me convenzas de nada, quiero escucharte con mirada ó sin ella, como te sientas más seren@, más confiad@. Háblame, sólo háblame.

Qué fácil es todo y cómo nos cuesta.
















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