lunes, 26 de noviembre de 2012

De piedras

Empiezo temporada de rutas y digo empiezo porque Doña Perfecta no va a tardar en dejar de darle a la bota.

La vida tiene esas cosas, tiene todos esos caminos para andar, que al final o te decides por uno o te vuelves loco y te quedas en la casilla de salida.

Previamente a esta salida, que relataré un poco más adelante, el Viernes fuímos al teatro, eso a Doña Perfecta sí le gusta. Vimos "Oleanna" en el Romea, com Ramón Madaula y Carlota Olcina.

Escribir que no me gustó sería mentir y escribir que me entusiasmó, también sería mentir. Dura un suspiro y aunque las interpretaciones son muy buenas, aval de ello es Madula, el final es un clímax interruptus. En medio de aquella confusión de espectadora teatral tuve que pedir ayuda a otros espectadores. Pero al igual que nosotras, se habían quedado de la misma pasta.

Es una buena crítica a la educación que se imparte, pongámonos en situación:

Carol es una estudiante (seguramente bajo un signo de Tierra) asustada por una mala nota en un asignatura, ella no entiende lo que su profesor quiere de ella, no entiende qué es lo se espera de ella.

John es un profesor, algo pagado de sí mismo aunque queda bien desdibujada esta imagen gracias a su empeño por ayudar a Carol.

Es un despacho discuten acerca de esto, y en ese espacio se dan una serie de situaciones algo complejas con un amplio abanico de interpretaciones.

Debo decir que me sentí muy identificada con Carol, si me acuerdo de mis años de estudiante. Necesitaba entender el funcionamiento de las cosas  para entender su aplicación, me costaba abrir la mente y soltarme las riendas, era cuadrada, como me sacaran de mis "cuatro" normas, me perdía por asustada. Carol sabe que existe un libre pensamiento pero no entiende cómo encaja en su mundo.

John intenta hacérselo ver pero un/a joven perdida/o y asustada/o es un caballo desbocado.

Y finalmente el miedo se impone y reina el silencio y la opresión. Bien, despues de esta obra pensé en que la figura de "maestro" que no "profesor" ha desaparecido.

Es difícil conseguir que las tiernas mentes que acuden a nutrirse a las aulas despierten la crítica en su interior. Vamos aleccionados por otras reglas de vida, permanecer ocioso, consumista y competidor. Cuando algo les asusta o les hace plantear su comportamiento hasta ese instante, salta la rabia, la confusión y de ello nace la agrsividad. Y no me refiero a la violencia física y ni mucho menos afirmo que sea en el 100% de los casos. Pero sí veo que hay rabia y confusión.

Tengo recuerdos de profesores que me acompañan a día de hoy, alguno por ser unos auténticos desgraciados/as que no me ayudaron excepto para hundirme más y otros, poquísimos, a los que realmente siento que me salvaron (claro que, como buena Virgo perfecta, yo ya tenía una base cojonuda).

Así recuerdo a Jose, mi profesor de quinto de EGB, vasco, nos enseñó un poema en su idioma y me dijo que acabaría siendo enfermera. Acertó de pleno, ser enfermera es la profesión truncada de mi vida pero soy mujer de letras, letras puras.

El nos enseñó que el paraíso no existe como un lugar imaginado, que existe a nuestro alrededor, en los momentos que sabemos disfrutar.

Por aquel entonces yo estudiaba en un colegio de curas y a este chico, porque era un chaval, lo echaron al año siguiente por lo del poema y la teoría del paraíso. Para quitarle dramatismo al tema, también le recuerdo porque se enamoró de mi madre en las reuniones de profesores y me tenía quemada con los "recuerdos a mamá" o "vendrá tu madre a la reunión, verdad?".

También recuerdo a Vicente, que me hizo coger simpatía a las matemáticas durante un año, lo que duró el curso con él porque después las volví a aborrecer. Aquí ya era más mayorcita, estaba en la ESO, y buscaba a los profesores que tenían un implicación con los alumnos, los respetaba mucho.

Por supuesto, Paquita, esta mujer supuso un antes y un después en mi corta vida hasta entonces. Supongo que pilló al vuelo que algo pasaba cuando iba cuesta abajo y sin frenos en el resto de asignaturas y en la suya me salía de la marca (las cosas claras). Ella enseñaba literatura. Me daba libros diciendo "acompáñame, quiero darte un libro, que lo leas y me des tu opinión"

Pues con ella leí libros a los 14/15 años por los que me hubiese costado años interesarme por ellos. Me enseñó muchísimo y sobre todo me ayudo de un manera que no puede imaginar.

Con algo menos de cariño, recuerdo a Mercè, que me buscaba a cada rato para echarme bronca por las mayores tonterias, como si estuviésemos en una guardería y trataba con alumnos de 23/23 años, que tampoco éramos rectos como una escoba pero vamos, que si estábamos en las aulas era por decisión propia.

E una ocasión me cabreó de tal manera que cuando me vió y me dijo
"Se puede saber de qué te ríes? Que siempre te estás riendo?"

Le respondí
"De lo que me da la gana Mercè, ya esta bien, a ver si también voy a tener que darte explicaciones sobre eso"

No fue momento "destroyer" ni mucho menos, las dos con lo serio de nuestros mensajes fuimos muy educadas.

Y por último, Reyes, ya en la edad pre-adulta, fue una mezcla de maestra/compañera, charlamos durante horas aquel curso, de todo lo que me pudiera preocupar o ella considerara que me ayudaría.

Supongo, haciendo balance, que les recuerdo porque me dijeron que tenía cosas buenas para potenciar, que realmente podía confiar en mí misma y que siempre hay alguien dispuesto a escucharte y a intentar entenderte, que tenía un pensamiento y que corriese tras él.


Música para hoy: Camins, de Sopa de Cabra

Risas: al ver los resultados electorales

Momento: ...que también habla ruso?

Reflexión profunda: si no quieres aprender ahora, aprenderás otro día pero aprenderás mal.

Arte: La persistencia de la Memoria, de Dalí

Libros: Catorce veces ocho mil, de Edurne Pasaban






2 comentarios:

  1. Un buen/o mal profesor pueden cambiar la trayectoria de un alumno de un plumazo (o en un sólo curso). Yo también recuerdo con mucho cariño y admiración a mi profesora de inglés del colegio. Me inculcó el amor a los idiomas y me ayudó muchísimo con tanta paciencia y tanta dedicación... Sin embargo, recuerdo profesores en el instituto que me amargaron la vida y me hicieron odiar - más todavía - las matemáticas, que siempre se me han dado como el culo.
    Mi hija, sin ir más lejos, por un profesor que tuvo en 4º de ESO, que le daba matemáticas y física y que le hizo todas las putadas que pudo y más, cambió el Bachillerato que ella tenía decidido elegir. Se fue a Humanidades y dejó su primera opción, Salud, porque en 1º le tocaba el mismo tío como profesor y ya con un curso con él había tenido más que suficiente.
    Puede parecer que no influyen pero sí lo hacen y mucho.

    Un beso, Lamotte :*

    ResponderEliminar
  2. Me gustan tus finales... capto la idea...!!!

    Besos!!

    ResponderEliminar